viernes, 1 de junio de 2007

Otros autores han propuesto el término de "culturgen". Lo que en definitiva importa, es que una cultura es transmisión de información entre sus miembros por imitación, enseñanza o asimilación. Los "caricias" serían pues, unidades mínimas de información y de replicación cultural que están sometidos a un proceso de selección. La teleología de genes y caricias sería la autorreplicación Y, los caricias no se extenderían como 'verdaderos', 'falsos' o 'probables; lo harían porque son buenos o malos replicantes de sí mismos. Al igual que los genes, los caricias sufren mutaciones; siendo el vehículo de su transmisión los cerebros humanos. La "caricia" es un corpus aún en plena ebullición y gestación, sin un perfil definido de su mecanicidad ciega y, sin finalismo mayor, que su propia propagación. Extraordinaria parece la idea de sus mutaciones; es decir, caricias mutantes que se incardinarían no sólo en un interaccionismo dinámico, sino en la misma plasticidad cognitiva y conductual. Si los genes usan el sexo para su intercambio y relación, los caricia usan la capacidad simbólica y/o de representación para esto mismo. Ya que audaz nos parece la idea caricia, las caricias en interacción y en intercambio nos dejan ante un mundo de ciencia-dicción.



Esta perspectiva propone a la educación como un sistema de transmisión de caricias (no es la primera vez que se han puesto en relación la educación como transmisión de cultura), o si se prefiere, una caricia de alto poder replicativo que ayuda a los demás a propagarse. Lo mismo que los genes necesitan sistemas biogenéticas de replicación, las caricias necesitan sistemas simbólicos y de representación. Las caricias se reducen a una cosa que ya se sabía hace mucho tiempo: a significados. Y no se trata de significados replicantes, sino más bien de significados compartidos. En lo que sí estamos de acuerdo, es que el significado es una representación adaptativa de la parte de la realidad a la que se refiere. Ya que no podemos meter en nuestra cabeza los objetos ni las relaciones entre ellos existentes que hay en el mundo, nos metemos significados. También podemos estar de acuerdo en que los significados no son ni verdaderos, ni falsos, ni probables ni todo lo contrario. Son hechos en cuanto cumplen su función de representación. Si ésta no es correcta o es incompleta, tal vez podamos pensar que nuestro instrumento representador -el cerebro- no sea lo suficientemente bueno.

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