miércoles, 23 de mayo de 2007


Como decíamos, cada una de estas terminales de identificación cuesta miles y miles de dólares; en cambio los microcircuitos que contienen las tarjetas electrónicas de plástico no valen sino unos dólares. Ahora bien, supongamos que en lugar de instalar el chip en la tarjeta se le implanta a su dueño debajo de la piel.
Una vez implantado, el chip puede ser leído por un scanner muy económico parecido al del supermercado. ¡De aplicarse esa técnica, usted mismo suplantaría la tarjeta electrónica, con lo que se ahorraría el costoso proceso de determinar que el portador de la misma es, en efecto, su titular.
Hoy por hoy las técnicas para efectuar una implantación de tales características no solo existen, sino que se están ensayando ya en muchas partes del mundo. El ministerio de salud de los Estados Unidos afirma que en Washington y otras ciudades ya se está probando a gran escala el plan de identificación Microdot. Una micropastilla del tamaño de la cabeza de un alfiler, que cuesta menos de 25 centavos de dólar, se inyecta 5 ó 6 milímetros debajo de la piel. Ésta se activa con un escáner portátil y facilita la plena identificación de la persona que la lleva implantada.

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